La artista colombo-holandesa planta cara a dos de las enfermedades más dolorosas e invisibles del mundo. Tras girar por Europa, hace una pausa consciente en este 2026 para priorizar su salud, refugiándose en la composición como su máxima catarsis.

En la mitología del rock, el dolor siempre ha sido materia prima para la creación. Sin embargo, cuando el dolor deja de ser una metáfora lírica y se convierte en una realidad física, incapacitante y diaria, el acto de subirse a un escenario o entrar a un estudio de grabación se transforma en una verdadera gesta heroica. Esta es la historia de Grace de Gier, una voz colombo-holandesa que en el punto más alto de su carrera internacional ha decidido hablar de frente sobre la salud mental, el bienestar físico y las batallas invisibles que libran los artistas independientes.
Tras un exitoso tour por Irlanda en 2025, Grace se vio obligada a frenar en seco. El cuerpo exigió respuestas ante síntomas severos que finalmente le dieron nombre a sus monstruos: neuralgia del trigémino atípica —catalogada médicamente como una de las enfermedades más dolorosas y desgastantes del mundo— y síndrome de Ehlers-Danlos (hipermovilidad).
Cualquiera habría tirado la toalla, pero para esta creadora, el diagnóstico no fue un punto final, sino una redefinición de su trinchera artística. “Más que condicionarme, estas enfermedades transformaron la forma en la que vivo y creo música”, afirma con una entereza que estremece.
“DONE”: El arte de crear desde la quietud absoluta
El reflejo más crudo y honesto de esta batalla es su más reciente sencillo, ‘DONE’. Grabado en París bajo la producción de su mano derecha, Edgar Grimaldos, y masterizado en Estados Unidos por el multi-ganador del Grammy Adam Ayan, el tema es un corte de rock alternativo potente que habla sobre la liberación emocional y la ruptura de ciclos tóxicos.
Lo que pocos sabían es que, durante el rodaje del videoclip, Grace ya estaba habitando el ojo del huracán de su enfermedad, aún sin un diagnóstico claro.
“El video lo grabé casi completamente sentada por un dolor en el pie que no entendía. Hoy sé que ahí empezó todo. Aun así, logramos transmitir el mensaje. Crear desde la quietud me obligó a encontrar nuevas formas de expresión”, recuerda la artista. El resultado es una pieza audiovisual profunda, donde la limitación física se convirtió en una puesta en escena íntima y desgarradora.
Una trayectoria internacional cimentada en la resistencia
Grace de Gier no es ninguna aparecida en el circuito alternativo. Su propuesta, que transita con elegancia entre el pop rock oscuro y el rock alternativo, la ha llevado a pisar escenarios de los Países Bajos, Alemania, Francia, Irlanda y Colombia. Su nombre ha resonado en las páginas de Rolling Stone (tanto en su edición del Reino Unido como en español) y ha levantado galardones como el Premio Mara de Oro (2022) y los MMA (2024). Incluso, su calidad sonora le ha permitido tejer alianzas con figuras de la industria global, incluyendo músicos vinculados a la banda estadounidense The Killers.
Sin embargo, el éxito internacional exige una cuota que el cuerpo no siempre puede pagar. Con la sabiduría de quien entiende que la música es un maratón y no los 100 metros planos, Grace y su equipo decidieron rechazar las invitaciones a festivales y shows para este 2026. Una pausa consciente, necesaria para sanar, pero nunca para callar.
“Esto no es una carrera de velocidad, sino de resistencia y conexión real con lo que hacemos”, sentencia con la madurez de una veterana de la autogestión.
Las raíces de la catarsis: De la adversidad al nacimiento
Esta no es la primera vez que Grace utiliza la música como un escudo contra la tragedia. Años atrás, durante el embarazo de su segundo hijo, enfrentó un diagnóstico de hidropesía fetal, donde los médicos solo le daban al bebé un 5% de probabilidades de vivir. En ese momento de oscuridad absoluta, en lugar de hundirse, Grace se cuestionó el propósito de su existencia y se aferró a lo único que la hacía levantarse: componer. De esa crisis nacieron piezas tan íntimas como ‘Dame tu mano’ (dedicada a su hijo Jake, quien hoy está con ella) y ‘You Make Me Feel’.
Hoy, cuando la medicación la deja exhausta o el dolor del trigémino se vuelve insoportable, sus hijos y sus canciones siguen siendo su terapia de choque.
El regreso a la “verraquera” en español
La gran noticia para el público hispanohablante es que esta pausa en los escenarios se ha convertido en un nido de composición. Grace de Gier prepara su regreso discográfico cantando en su lengua nativa, reconectando con la identidad colombiana y esa “verraquera” inquebrantable que define a quienes saben crecer en terrenos adversos.
“Colombia es mi país. Aunque he vivido muchos años en Europa, esa conexión sigue intacta. Quiero volver a los escenarios con toda la energía que el público merece”, confiesa con ansias de saborear de nuevo su cultura, su comida y el calor de su gente.
En tiempos donde la industria musical suele exigir un ritmo de producción desechable e inhumano, el caso de Grace de Gier en Tupatupa nos parece una bandera necesaria. Su historia abre un debate urgente sobre la salud en la industria creativa, la visibilización de las enfermedades raras y el poder del arte no como un producto de mercado, sino como el último refugio del alma humana. Grace está herida, pero las guitarras siguen encendidas.
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