La escena del metal extremo en el Cono Sur acaba de ser testigo de un hito histórico. La legendaria agrupación Slavery, pilar fundamental del thrash metal en la región, conmemoró oficialmente sus “30 Años de Esclavitud”, un aniversario que no solo celebró el ruido y la resistencia, sino que consolidó la madurez técnica de una banda que se niega a vivir de la nostalgia.

El rugido que nació en los noventa
Hablar de Slavery es viajar a una época donde la pasión superaba a la tecnología. La historia comenzó a principios de los 90, cuando Jimmy Ponce (batería) y Rafael Salgado (guitarra) decidieron canalizar su agresividad hacia una propuesta técnica, rápida y directa.
Desde aquellos primeros ensayos marcados por la autogestión, hasta el éxito inmediato del demo “After The War” (1993) grabado en los Estudios REC, la banda forjó una identidad inconfundible. Con el tiempo y la llegada de músicos como Paolo Maugard, el grupo refinó su sonido hacia vertientes más complejas, como quedó demostrado en el EP “Genocide”, sin perder nunca la ferocidad del underground chileno.
Sangre nueva y trayectoria transnacional
La reciente celebración de aniversario en Santiago fue también la vitrina perfecta para la actual alineación del grupo. La incorporación de Luis Kooper, músico venezolano con un recorrido profesional por México, Argentina y Chile, ha inyectado una dosis renovada de adrenalina.
Kooper, asumiendo las labores de bajo y voz principal, aporta una versatilidad que encaja milimétricamente con el trabajo de guitarras de Salgado y Maugard. Esta etapa ya ha dado frutos creativos, con la banda sumergida en procesos de preproducción y composición de material inédito que promete honrar sus raíces noventeras con una potencia contemporánea.
Una descarga de camaradería extrema
La noche de aniversario no fue un acto solitario. Slavery estuvo acompañada por una selección de lujo que representa la vitalidad actual del metal chileno: Cabrío, Saviour, Cancerígeno y Skhizein. La jornada en el recinto Ámsterdam fue una muestra de respeto mutuo dentro de una comunidad que ve en el thrash un pilar cultural y de identidad.
Hacia el futuro del Metal Sudamericano
Más que un cierre, estos 30 años marcan un nuevo punto de partida. Con las entradas agotadas y fanáticos de diversas generaciones rindiendo tributo a su legado, Slavery demuestra que el metal nacional sigue vivo, evolucionando y proyectándose hacia el futuro con la misma honestidad técnica que los vio nacer.
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